jueves, 13 de julio de 2017

Exhibicionistas

En La literatura y el arte (Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974), Vladimir Ilich Lenin exhibe la siguiente metáfora:
“La literatura debe ser ‘rueda y tornillo’ de un solo y gran mecanismo, puesto en movimiento por la vanguardia consciente de toda la clase obrera”.
Seguida, eso sí, de esta apostilla:
“Dice un proverbio que toda comparación cojea. También cojea mi comparación de la literatura con un tornillo y de un movimiento vivo con un mecanismo. Hasta saldrán por ahí, tal vez, intelectuales histéricos que armen alboroto a propósito de esta comparación, de la cual dirán que degrada, entorpece y ‘burocratiza’ la libre lucha ideológica, la libertad de crítica, la libertad de creación literaria. Sin duda, la labor literaria es la que menos se presta a la igualación mecánica, a la nivelación, al dominio de la mayoría sobre la minoría. Sin duda, en esta labor es necesario asegurar mayor campo a la iniciativa personal, a las inclinaciones individuales, al pensamiento y a la imaginación, a la forma y al contenido.”
Lo que a mí me interesa es la forma en sí, tanto de la metáfora como de la apostilla. “Rueda y tornillo”, engranaje. Mecanismo. Labor humana, artificio humano, con una técnica y con unos desarrollos, con una fuerza impulsora, la creatividad. Y, desde luego, y siempre, con un resultado.

Cuando un escritor se muestra ante los demás, ante la realidad, sus múltiples desnudeces lo dejan desvalido y es en ese desvalimiento en el que aparecen movimientos, actos, charlas, revistas, suplementos de periódicos, que son, a la vez, una salida, un ponerse a tiro de los demás, de los que no son escritores, de los que contemplan la realidad no como susceptible de ser literaturizada, sino como el devenir de lo cotidiano. Porque siempre ha habido quienes se ‘exponen’ ante los demás con ese afán exhibicionista que debe caracterizar a todo buen creador.

Y es que la realidad, los demás, casi siempre han sido la dulce traba que se nos opone y sin la que no existiríamos, no obstante su crueldad y el que castiguen a quien abunda en excentricidades, en visiones de las cosas que se salen de lo corriente. Como sostiene Juan Luis Alborg, toda literatura, incluida la realista, estará siempre basada en la “personalidad inalienable del artista que crea”.

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