jueves, 1 de junio de 2017

'Una mujer en Jerusalén', de Abraham B. Yehoshúa

Dicen los críticos que la peripecia lo es en función de una búsqueda de la conciencia por parte del segundo protagonista principal (lo de segundo es idea mía), motivada por el conocimiento progresivo de la mujer asesinada.

La historia es verosímil: en un atentado perpetrado en Jerusalén muere una mujer. Pasan los días y nadie reclama el cadáver. Por ciertos indicios un periodista sospecha que la mujer trabajaba para una empresa panificadora, así que redacta un artículo en el que quedan muy mal parados quienes no se dieron cuenta de que faltaba al trabajo una modesta limpiadora inmigrante (ingeniera de titulación, por otra parte).

Enterado el dueño de la panificadora, pone el asunto en manos del director de recursos humanos, el segundo protagonista del que antes hablé: el primero, como pueden suponer, es la muerta, único personaje del que conoceremos el nombre, pues los otros serán descritos y manejados en función del cargo, de lo que hacen, de cómo viven... Saltan, pues, a nuestros ojos vidas dispares, la del director y su obsesión progresiva por la muerta; la del dueño; la del periodista; la de otros secundarios que conforman una suerte de colmena (tema literario conocido pero efectivo), que tal vez define de manera atractiva para el lector europeo cómo es la actual sociedad israelí.

El relato avanza con los descubrimientos que efectúa el director, que, a la vez, le sirven para hallarse a sí mismo, pues la misión acaba por tener “un significado inesperado para él”. El narrador no lo sabe todo, pero casi: es un autor cuasi omnisciente que conoce los hechos en función de cómo se van desarrollando pero que parece conocer muy bien a los personajes en los que se recrea y que son muy reales. Unos ligeros contrapuntos narrativos, en forma de textos puestos en cursiva, dan el punto de vista de espectadores ajenos, terceras personas que matizan la visión de quien nos cuenta la historia.

Técnicamente irreprochable, esta narración gana al lector desde el primer párrafo, y creo que no sólo pone ante su conciencia al director de recursos humanos y al dueño de la panificadora, sino también al mismísimo lector: ¿qué harías tú?, parece decirnos. Me refiero, en fin, a una novela publicada por Anagrama en 2008, que lamentablemente no tuvo mucha relevancia en España: Una mujer en Jerusalén, firmada por el escritor y profesor Abraham B. Yehoshúa. Creo que merece mucho la pena.

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