miércoles, 28 de junio de 2017

Delibes

Los Cuatro Postes de Ávila es un humilladero, convertido en mirador sobre el río Adaja, a la entrada de la secular ciudad de Ávila. La vista es impresionante. Tal y como se conserva hoy fue erigido en 1566 por Francisco de Arellano, y tiene un especial significado para la ciudad, ya que hasta aquí, cuenta la leyenda, llegaron siendo niños santa Teresa y su hermano Rodrigo tras tomar la decisión de irse a tierra de moros para sufrir martirio. 

Pero, los Cuatro Postes tiene otro significado, tal vez menos importante para la ciudad, aunque mayor para la literatura española, porque aquí se produce la primera de las anagnórisis, en plena adolescencia, que harán desarrollarse la personalidad de Pedro en La sombra del ciprés es alargada (1947), la primera novela de Miguel Delibes. Pedro y su compañero Alfredo, pupilos ambos de don Mateo, acompañados por su tutor y por Martina, la hija de éste, aún en la más tierna infancia, pasean extramuros una tarde veraniega hasta llegar allí. La ciudad de Ávila (“en ese instante comencé a presentir que Ávila no era una ciudad como las demás”), las reflexiones del maestro (“lograrlo todo no da la felicidad, porque al tener acompaña siempre el temor de perderlo”, máxima que definirá toda la vida de Pedro y lo llevará por vericuetos de infelicidad libremente elegida), conjuntamente con un cruel accidente (un carro atropella a la perrita Fany, dejándola coja para siempre), serán en este capítulo, uno de los iniciales, la mecha que prenda toda la narración.

En una obra primeriza como esta ya destaca Miguel Delibes por su grandeza de criterios y por su inconfundible y noventayochista manera de describir el paisaje castellano, por el tratamiento de la infancia, la conciencia, Dios, el mundo de los animales… No es una novela menor, sino el perfil inicial de uno de los más grande escritores que haya dado la literatura española desde la Edad Media, así que, no sólo la recomiendo fervientemente, sino que yo mismo tendré que obligarme a leer alguno de sus capítulos al sol de los Cuatro Postes cuando, un próximo verano, visite Ávila de nuevo, para sentir la presencia fantasmal de Pedro y de Alfredo, de don Mateo, de Martina y de la perrita Fany, mientras escucho pasar los suspiros elegantes del Adaja, perdidos en la historia, meciendo el pasado redivivo de Castilla, la Vieja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario