martes, 18 de abril de 2017

'La vida de Santa Teresa de Jesús', de Marcelle Auclair

Enfrentarse a una hagiografía no siempre es cosa fácil. Primero, porque puedes creer que lo que vas a leer es una biografía con ribetes de investigación histórica, y estar, al menos en parte, equivocado. Y, segundo, porque las técnicas hagiográficas pueden aplicarse a casi cualquier persona, santa o no.

La vida de Santa Teresa de Jesús (Ediciones Palabra, 2014; ed. francesa Seuil, 1950), de Marcelle Auclair, es, en efecto, la vida de una santa. Pero, con un marchamo de rigor historiográfico, gran aparato “crítico” y cientos de notas y referencias, que es una hagiografía lo prueba, sobre todo, el no muy inocente reconocimiento de los ámbitos celestiales y extrasensoriales que se le atribuyen a la protagonista como si fueran hechos probados.

Con todo, bajo la presentación, documentada y rigurosa, de la vida real de Teresa de Ahumada (Ávila, 1515-Alba de Tormes, 1582), subyace un latido literario fascinante. Los personajes cobran vida y casi parecen los de una novela. La pasión con la que Auclair recrea la época, las costumbres y la renovación del Carmelo, subyugan a un lector ya de por sí inclinado a la devoción (literaria) hacia esta extraordinaria escritora y, tal vez, aún más extraordinaria mujer. En casi quinientas páginas la biografía nos muestra desde los orígenes familiares hasta la muerte en “santidad” de alguien que tuvo mucha fe en Dios, pero que también la tuvo en las personas, a la vista de su forma de obrar.

Teresa de Ávila no escribió para el público (lo hizo para sus “hijas” en Cristo de la orden de las Carmelitas Descalzas en una época de renovación y de vuelta a sus orígenes humildes), pero son tales su nivel de perfección y la increíble belleza y plasticidad con que emplea el castellano, que no solo es “doctora de la Iglesia” (nombrada por Pablo VI en 1970, y ya tuvo que esperar), sino doctora honoraria de las letras españolas desde el mismo momento en que se comenzó a divulgar su obra.

En efecto, no es cosa fácil enfrentarse a una hagiografía. Pero, a veces, y esta es una de ellas, sí que es cosa muy placentera.

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