jueves, 27 de abril de 2017

James Ellroy

Aunque hace ya tiempo que en la tele solo veo Canal Cocina y, pocas veces, el telediario regional, tuve el año pasado la grata sorpresa de descubrir, una noche de domingo en La 2, y en un programa insólitamente dedicado a los libros, a un tipo de camisa floreada y cara de pocos amigos que decía llamarse James Ellroy.

En la entrevista parecía enfadado con el entrevistador, pero por ella supe que se dedicaba a escribir novelas de crímenes. Con retranca y un sentido del humor muy malhumorado, me ganó enseguida y no dudé en hacerme con el libro que presentaba: Perfidia (Random House, 2015), primera entrega del segundo Cuarteto de Los Ángeles, que leí de un tirón (importa poco que sean casi ochocientas páginas de no fácil lectura ya que, entre otros recursos complejos, utiliza analepsis y prolepsis que alargan y comprimen el tiempo y que juegan con él, aunque, eso sí, de forma fascinante), y a la vista de la cual decidí que Ellroy sería uno de mis escritores de cabecera. Cosa curiosa, porque siempre odié (amablemente, quiero decir) el relato policial, si exceptuamos la obra de quien inventó el género (un tal Edgar Allan Poe), ciertos cuentos de Borges, el padre Brown de Chesterton, las novelas de Ricardo Piglia y las crónicas de sucesos de Margarita Landi en El Caso.

Acabada Perfidia me adentré en el universo retorcido y extralimitado del primer Cuarteto de Los Ángeles, concretamente en la primera novela de la serie, La Dalia Negra (1987), que si bien es formalmente menos compleja que Perfidia, sí que acaba por dejarle a uno sin palabras. Y que, por cierto, incorpora a muchos de los mismos personajes, pero, por seguir con el juego temporal, sucede después de lo contado en Perfidia, aunque se haya publicado veintisiete años antes.

La literatura de Ellroy atosiga y pone de los nervios, desenfrena y enfada; pero, también estimula y exhibe una extraña belleza plástica, muy cercana al comic, a la vez que da cuenta de un mundo enfermo, henchido de odio, falto de piedad y poblado por gentes miserables y perversas. ¿Ficción? ¿Realidad?

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