domingo, 26 de marzo de 2017

Lo inútil

En la época del instituto los alumnos éramos “de letras” o “de ciencias”. Los de letras, como todo el mundo sabe, eran conocimientos etéreos (eso que estudias no sirve para nada), y los de ciencias técnicos y prácticos. Los del primer bando íbamos a cursar carreras de gaseosos contenidos: Filología, Historia, Filosofía…; y, los del segundo, Ingeniería, Medicina, Química…, muy tangibles de suyo. Nuestros saberes no tenían futuro, pero los científicos les daban a sus adeptos la seguridad de hallar, con el paso de los años, trabajos bien remunerados y reconocimiento social.

Pues eso, hoy triunfa el pragmatismo, y aquellos saberes que nos apasionaban están cada vez más postergados en la enseñanza secundaria. Pero este abandono, que la sociedad acabará pagando con el tiempo, no tiene que ver con que sean ¿difusos?, sino con una cualidad que, de antiguo, se ha venido soslayando, no sin razones torticeras: y es el hecho de que son críticos, y lo crítico siempre molesta al poder, que es quien, en definitiva, dicta las leyes (también las educativas) y dice qué deben o no deben estudiar nuestros colegiales. De ahí el desprestigio del Latín o del Griego, y, sobre todo, de la Literatura y de la Filosofía, asignaturas ahora casi de relleno (como antes lo eran las “pretecnológicas” o la “gimnasia”), contempladas con suficiencia por los sectores “científicos” de la enseñanza y con menguada afición por parte del alumnado.

Leí no hace mucho un ensayo del italiano Nuncio Ordine, La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2013), en el que se recogen algunos argumentos que usábamos en época estudiantil quienes nos decantábamos por las letras: a saber, que las universidades no pueden ser empresas, que el utilitarismo de la tecnología no es un saber en sí mismo, ni forma al individuo, si no se le administra conjuntamente con esos otros conocimientos “inútiles”, sí, pero críticos, que construyen personas y que las hacen comprender el mundo en el que vivimos, y no solo servirse de él para -ustedes perdonen el denuesto- dormir, comer y cagar.

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